Noviembre 22, 2019

Ética

El eficiente e inmaculado servicio como juez y académicos durante gran parte de la vida nos ha madurado en el crisol de los valores éticos, instándonos a buscar y defender siempre la verdad, esa necesidad existencial y casi orgánica de la humanidad, respecto de la cual el hombre, y mucho menos el jurista, no puede contentarse con su existencia puramente metafísica.

Esos principios y ese irrenunciable cometido, que nos han dado particular credibilidad y autoridad en la comunidad jurídica, nos permiten comprender que el ejercicio profesional del derecho, y particularmente del derecho penal, de ninguna manera puede sucumbir ante los designios de la criminalidad para llevar a cabo sus propósitos, sirviendo de espurio instrumento para cubrirlos con un fementido manto de legalidad.

Así mismo, tenemos claro que el derecho penal, contrario a lo que impone su condición de última ratio, no puede convertirse perversamente en un instrumento de intimidación para, por el prurito de criminalizarlo todo, pretender resolver asuntos que son propios del derecho privado, ajenos por completo al ius puniendi, y por ende a la jurisdicción penal.

Si bien en la emisión de conceptos, en las asesorías o en la representación de personas naturales y jurídicas en los diversos escenarios judiciales deben tratarse temas relacionados con distintos delitos y con la supuesta autoría o participación, esto siempre se hará bajo los más estrictos postulados de la ética, en aras de que la conceptualización, las asesorías o la representación judicial sean serias, científicas y en todo caso uncidas a la mejor sindéresis, para lograr el éxito de las pretensiones de nuestros clientes, respetando siempre los procedimientos establecidos, la legalidad de las actuaciones, y profesando el respeto debido a los servidores públicos ante los cuales debamos procurar la justicia o a los cuales debamos enfrentar o controvertir en los estrados judiciales.

Gómez Penalistas obtiene resultados en el ámbito del derecho penal y materias afines mediante el discurso sólido de argumentos jurídicos y probatorios que llevan a mostrar la verdad de los temas que son puestos a nuestra consideración. Por el contrario, los resultados fruto de las argucias, los sobornos, la camorra, las artimañas y la deslealtad, a fuerza de repudiados, son completamente ajenos a la filosofía que orienta el ejercicio del derecho en esta oficina.